miércoles, 26 de diciembre de 2012

Muebles en la literatura

En las novelas realistas del siglo XIX son frecuentes las descripciones de muebles. He leído hace poco la obra Papà Goriot, del autor realista Balzac, y recuerdo que se describía el interior de una casa, la casa de los Vauquer, en un barrio parisino.

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Ojeando el libro he encontrado dicha  descripción: “Frente a la ventana se veía una de esas cómodas de madera rosa con el vientre hinchado, que tienen las patas de cobre retorcidas en forma de sarmientos, decorados con hojas o flores; un mueble viejo de madera, sobre el que había una jarra de agua en su platillo y todos los utensilios necesarios para afeitarse. En un rincón, los zapatos; junto a la cabecera de la cama, una mesilla de noche sin puerta ni mármol; en el rincón de la chimenea, en la que no había ni rastro de fuego, se encontraba la mesa cuadrada, de madera de nogal, una de cuyas patas había servido a papá Goriot para desnaturalizar su sopera de plata dorada. Un mal escritorio sobre el cual estaba el sombrero del pobre hombre; una butaca de paja con el asiento hundido, y dos sillas completaban aquel miserable mobiliario.”

 Al igual que esta magistral descripción de distintos muebles que conforman una estancia, tenemos detalladas descripciones en: Madame Bobary, de Gustave Flaubert; La Regenta, de Leopoldo Alas “Clarín”; Fortunata y Jacinta, de Galdós, etc.

Texto: Rita Ramilo.